A menudo los hijos se nos parecen, y así nos dan la primera satisfacción; esos que se mecen con nuestros gestos, echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan, con los ojos abiertos de par en par, sin respeto al horario y a las costumbres y a los que, por su bien (dicen) que hay que domesticar.
Niño, deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma, con nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma y que les bastan nuestros cuentos para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas, sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos trasmitiendo nuestras frustraciones con la leche templada y en cada canción.
Nada ni nadie puede impedir que sufran, que las agujas avancen en el reloj. Que decidan por ellos, que se equivoquen, que crezcan y un día, nos digan adiós.
lunes, 17 de noviembre de 2008
Pasa seguido, más de lo pensado
Jóvenes demasiado solos. Por Gustavo F. Iaies. Para La Nación. Viernes 22 de febrero de 2008.
Tres chicos de 16, 19 y 22 años murieron y dos fueron heridos en 9 de Julio, jugando a la ruleta rusa en moto. En esa ciudad hubo 14 muertos por accidentes similares en 2007. El jueves por la tarde, Fabián (22) le pidió la moto a la mamá y no se la prestó; pero el padre, sí, contó el amigo de otro. Todos sabían lo que ocurría y que eso derivaría en un accidente, pero nadie logró detenerlos. Los chicos decidieron jugar a la muerte y los adultos no pudieron cuidarlos.
El sábado, en Pinamar, dos bandas de jóvenes alcoholizados se trenzaron en una pelea y cuando la policía llegó para detenerlos decidieron unirse para pelear contra ella. Hubo varios agentes heridos.
Más allá del enojo y la impotencia, la primera conclusión que surge de estos y otros casos ocurridos en los últimos días es que hemos perdido la capacidad de cuidar a los chicos. Cuidarlos de ellos mismos, de otros chicos, de las adicciones, de los riesgos de la sociedad… Se quedaron solos. Tienen la libertad máxima que podemos darles: la de jugar con la muerte. ¿No nos habremos pasado? ¿No habremos creído que la libertad es un valor supremo exclusivo, dejando afuera la salud, la seguridad, el respeto, el orden? ¿No tendremos que buscar un equilibrio de valores más cercanos a la felicidad?
Jaime Barylko hablaba del miedo a los hijos, y parece que eso es lo que sentimos. Pasamos de unos chicos sometidos a unos adultos sometidos, y ni uno ni el otro son buenos modelos. Pero en éste los chicos están más expuestos.¿Cuál es nuestro miedo? ¿Que dejen de querernos, que se vayan, que sufran? ¿Es algunas de esas cosas peor que lo que sucedió? ¿O será que estamos tan concentrados en “nuestras cosas” que nos cuesta dedicarle tiempo a la tarea de reconstituirnos como adultos, como padres, como vecinos, como maestros, como autoridades?
Efectivamente, es una tarea difícil, continua, exigente y con resultados que se ven en el mediano plazo. Y resulta complejo realizarla de modo individual. Requiere pactos de confianza de los padres con la policía y el intendente, de los maestros con los padres, de los adultos entre sí. Es muy difícil si no confiamos en nadie. Los chicos están solos. Los adultos no están en condiciones de frenarlos, de cuidarlos, de protegerlos, de contenerlos… ¿Acaso ésa es la razón por la que han decidido poner a prueba el límite de la muerte? El autor es presidente de la Fundación Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP).
Tres chicos de 16, 19 y 22 años murieron y dos fueron heridos en 9 de Julio, jugando a la ruleta rusa en moto. En esa ciudad hubo 14 muertos por accidentes similares en 2007. El jueves por la tarde, Fabián (22) le pidió la moto a la mamá y no se la prestó; pero el padre, sí, contó el amigo de otro. Todos sabían lo que ocurría y que eso derivaría en un accidente, pero nadie logró detenerlos. Los chicos decidieron jugar a la muerte y los adultos no pudieron cuidarlos.
El sábado, en Pinamar, dos bandas de jóvenes alcoholizados se trenzaron en una pelea y cuando la policía llegó para detenerlos decidieron unirse para pelear contra ella. Hubo varios agentes heridos.
Más allá del enojo y la impotencia, la primera conclusión que surge de estos y otros casos ocurridos en los últimos días es que hemos perdido la capacidad de cuidar a los chicos. Cuidarlos de ellos mismos, de otros chicos, de las adicciones, de los riesgos de la sociedad… Se quedaron solos. Tienen la libertad máxima que podemos darles: la de jugar con la muerte. ¿No nos habremos pasado? ¿No habremos creído que la libertad es un valor supremo exclusivo, dejando afuera la salud, la seguridad, el respeto, el orden? ¿No tendremos que buscar un equilibrio de valores más cercanos a la felicidad?
Jaime Barylko hablaba del miedo a los hijos, y parece que eso es lo que sentimos. Pasamos de unos chicos sometidos a unos adultos sometidos, y ni uno ni el otro son buenos modelos. Pero en éste los chicos están más expuestos.¿Cuál es nuestro miedo? ¿Que dejen de querernos, que se vayan, que sufran? ¿Es algunas de esas cosas peor que lo que sucedió? ¿O será que estamos tan concentrados en “nuestras cosas” que nos cuesta dedicarle tiempo a la tarea de reconstituirnos como adultos, como padres, como vecinos, como maestros, como autoridades?
Efectivamente, es una tarea difícil, continua, exigente y con resultados que se ven en el mediano plazo. Y resulta complejo realizarla de modo individual. Requiere pactos de confianza de los padres con la policía y el intendente, de los maestros con los padres, de los adultos entre sí. Es muy difícil si no confiamos en nadie. Los chicos están solos. Los adultos no están en condiciones de frenarlos, de cuidarlos, de protegerlos, de contenerlos… ¿Acaso ésa es la razón por la que han decidido poner a prueba el límite de la muerte? El autor es presidente de la Fundación Centro de Estudios en Políticas Públicas (CEPP).
Correr...sin saber porqué
ACELERADOS
-¿Qué pasa ahí adelante? Porque no se mueven!!- Al fin…Ahora sí. Estoy metido en este caos, sin darme cuenta porqué.
-Adonde vas, animal!- Los micros se vuelven dueños de la calle. Acá se revierten los códigos. Es la selva!
¿Cómo pudo pasar?
-¡Otro semáforo!- No voy a llegar nunca, me pregunto cual es la finalidad de poner luces en todas las esquinas. Aquí no pasa nadie, me mandaría con el rojo!
¿Habrá llegado Marcela?, o estará en un embrollo similar.
-¡Correte!, ¿estás paseando? ¡Por que no te vas a... lavar los platos?-
Y ahora ¿Qué pasa? ¿Que carajo reclaman? Dios, todo hoy tiene que pasar.
Que hicimos mal? No puede ser, tan así, de golpe.
Por fin pasaron; ahora que me esperará?
Trabajar de la mañana a la noche, los dos, para que tenga todo. ¿Qué más hacía falta? Le allanamos el camino, pensando en dejarle algo mejor que lo que encontramos.
-¡Mierda!- Semejante camión, que hace por acá? Que frenada, tengo que levantar el pié. Me tengo que concentrar en el tránsito si quiero llegar bien. Estoy cerca, ¿habrá llegado Marcela? No me llamó. ¿Estará tan desorientada como yo? Ella también se mató trabajando el día entero, cada semana, cada mes, cada año. ¡Qué sociedad formamos! Tirando siempre juntos para el mismo lado. No lo habrá entendido? Si lo hemos hablado tantas veces.
Tengo que frenar ¡Qué hace éste tirando de un carrito en un autódromo!
-¡Vas a morir aplastado! -
Ya llego, a ver donde estaciono. ¿Habrá lugar adentro? Yo me mando, si. Ahí está Marcela, ¿sabrá algo ya? Quienes son esos dos. ¿Serán de la escuela?
-Hola! Sabés algo... como fue?, que pasó?
-Ellos te van a contar. Son del equipo escolar. Parece que fueron varios.
-Hola….si, son varios compañeros, antes de entrar se juntaban en la esquina, tomaban alguna cerveza. Llamamos a varias reuniones por el tema, pero, vió? Muchos padres no venían, por sus ocupaciones. El caso es que hoy le sumaron algunas pastillas, según contaron algunos del grupo. A Oscar, le cayó muy mal.
-Ahí viene el médico de guardia!
-Como está?
-Es un coma por la ingesta de una mezcla de tranquilizantes y alcohol. Confiamos en que pueda salir. Entró mal, pero se restauraron los signos vitales. Le hicimos el tratamiento de rutina y reaccionó bien. Hay que esperar...
-¿Qué pasa ahí adelante? Porque no se mueven!!- Al fin…Ahora sí. Estoy metido en este caos, sin darme cuenta porqué.
-Adonde vas, animal!- Los micros se vuelven dueños de la calle. Acá se revierten los códigos. Es la selva!
¿Cómo pudo pasar?
-¡Otro semáforo!- No voy a llegar nunca, me pregunto cual es la finalidad de poner luces en todas las esquinas. Aquí no pasa nadie, me mandaría con el rojo!
¿Habrá llegado Marcela?, o estará en un embrollo similar.
-¡Correte!, ¿estás paseando? ¡Por que no te vas a... lavar los platos?-
Y ahora ¿Qué pasa? ¿Que carajo reclaman? Dios, todo hoy tiene que pasar.
Que hicimos mal? No puede ser, tan así, de golpe.
Por fin pasaron; ahora que me esperará?
Trabajar de la mañana a la noche, los dos, para que tenga todo. ¿Qué más hacía falta? Le allanamos el camino, pensando en dejarle algo mejor que lo que encontramos.
-¡Mierda!- Semejante camión, que hace por acá? Que frenada, tengo que levantar el pié. Me tengo que concentrar en el tránsito si quiero llegar bien. Estoy cerca, ¿habrá llegado Marcela? No me llamó. ¿Estará tan desorientada como yo? Ella también se mató trabajando el día entero, cada semana, cada mes, cada año. ¡Qué sociedad formamos! Tirando siempre juntos para el mismo lado. No lo habrá entendido? Si lo hemos hablado tantas veces.
Tengo que frenar ¡Qué hace éste tirando de un carrito en un autódromo!
-¡Vas a morir aplastado! -
Ya llego, a ver donde estaciono. ¿Habrá lugar adentro? Yo me mando, si. Ahí está Marcela, ¿sabrá algo ya? Quienes son esos dos. ¿Serán de la escuela?
-Hola! Sabés algo... como fue?, que pasó?
-Ellos te van a contar. Son del equipo escolar. Parece que fueron varios.
-Hola….si, son varios compañeros, antes de entrar se juntaban en la esquina, tomaban alguna cerveza. Llamamos a varias reuniones por el tema, pero, vió? Muchos padres no venían, por sus ocupaciones. El caso es que hoy le sumaron algunas pastillas, según contaron algunos del grupo. A Oscar, le cayó muy mal.
-Ahí viene el médico de guardia!
-Como está?
-Es un coma por la ingesta de una mezcla de tranquilizantes y alcohol. Confiamos en que pueda salir. Entró mal, pero se restauraron los signos vitales. Le hicimos el tratamiento de rutina y reaccionó bien. Hay que esperar...
viernes, 31 de octubre de 2008
He andado muchos caminos. A. Machado
He andado muchos caminos he abierto muchas veredas; he navegado en cien mares y atracado en cien riberas. En todas partes he visto caravanas de tristeza, soberbios y melancólicos borrachos de sombra negra. Y pedantones al paño que miran, callan y piensan que saben, porque no beben el vino de las tabernas.
Mala gente que camina y va apestando la tierra... Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a donde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja. Y no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino, donde no hay vino, agua fresca. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra.
Mala gente que camina y va apestando la tierra... Y en todas partes he visto gentes que danzan o juegan, cuando pueden, y laboran sus cuatro palmos de tierra. Nunca, si llegan a un sitio, preguntan a donde llegan. Cuando caminan, cabalgan a lomos de mula vieja. Y no conocen la prisa ni aún en los días de fiesta. Donde hay vino, beben vino, donde no hay vino, agua fresca. Son buenas gentes que viven, laboran, pasan y sueñan, y en un día como tantos, descansan bajo la tierra.
sábado, 25 de octubre de 2008
Acerca de la vida dura y el alcohol
En la rama de la construcción, donde el trabajo duro, poco estable, la inseguridad y la mala paga están presentes, se vuelve muy palpable una forma de evadirse. Disfrazado de hombría el alcohol se cruza fácil en éste ámbito y suele hacer estragos entre los desprevenidos. Mejorar las condiciones laborales, reconocer el esfuerzo, sería justo y evitaría los "malos tragos", pero cuesta algo más y no parecen dispuestos a resignar ganancias, aún a costa de perjudicar a otros.
miércoles, 22 de octubre de 2008
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